MOMENTO SENSORIAL UN DÍA DE CUARENTENA

Vivo en un apartamento en un pueblo cerca del mar.

Hoy es domingo, hace poco comenzó la primavera pero la temperatura no lo hace notar, últimamente está haciendo frío con días nublados y en ocasiones llueve.

No obstante, hoy amaneció despejado y no hace tanto frío... por eso estoy en el balcón, sentada en una silla de mimbre relajando la espalda contra el respaldo. Como soy friolenta, llevo una manta de lana a cuadros que me rodea la espalda y el pecho. Cada tanto tomo mate, cuando me apetece hacer una pausa del libro que estoy leyendo. La forma sensorial del autor me inspira a prestar más atención a lo que sucede a mi alrededor.

Observo, oigo y escribo lo que pasa frente a mi balcón:

En la calle de enfrente hay un edificio que tiene un gran patio. Allí veo a una pareja, un hombre y una mujer de unos 60 y largos que se ayudan entre sí para abrir una sombrilla grande. Por encima de ellos, hay un balcón de otro apartamento de ese mismo edificio. Allí está el muchacho que toma sol y cada tanto envía audios por el móvil (desde mi balcón a veces oigo su voz). Al instante, la pareja del patio lo saluda desde abajo y se ponen a conversar. Minutos después... (que intuyo yo que fue porque se escucharon voces), se asoma por su ventana una vecina que está en la misma planta del muchacho del balcón. Entre los cuatro conversan, hablan de la cuarentena, los patios, las plantas y la placentera sensación que es sentarse relajadamente a tomar el sol.

¡Qué envidia!

A mi el sol me da solo por la mañana, y por la tarde les toca a ellos... a los de la calle de enfrente.

Mis vecinos siguen de cháchara y de repente aumentan el tono de voz porque se une a la conversación una mujer que vive en el piso que está debajo del mío. Ahora todos dirigen su mirada más en dirección a mi...

Me siento como Jeff el personaje de la "Ventana indiscreta".

Soy más consciente de mi condición de voyeur, observando/espiando a los vecinos y el temor de ser descubierta...

Pero nada, siguen hablando de plantas y de las hierbas que hay que cortar. Unos segundos después, se oye tra-tra-tra-tra-tra-tra... y muchos más tra-tra que vienen de la patineta de un chico que pasa por la acera quebrantando el ritmo tranquilo y vecinal que estábamos percibiendo todos. Obviamente, todas las miradas van para ese chico preguntándonos "¿Qué hace ese pibe patinando un domingo de cuarentena en la calle?".

Silencio.

El muchacho del balcón entra a su apartamento y la señora de la ventana ya no está más asomada, solo queda la pareja en su patio relajados observando la calle.

Tengo la intención de retomar mi lectura, pero antes me cebo un mate, y mientras lo hago oigo la voz de la señora del patio de enfrente. Así que miro en dirección a ella y noto que habla con una mujer que está paseando a su perro por la calle... y  comienza la cháchara una vez más.

Imagino que hoy durante la cuarentena la gran mayoría que nos asomamos a la ventana, balcón, patio, observamos a nuestro alrededor y contemplamos a nuestro vecinos. O si pensamos como Hitchcock realizamos voyeurismo.

 

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